miércoles, 6 de marzo de 2013

Invierno (Tema descartado de "Maremagnum")


Es el frío de este invierno, la piel se me desgarra y se desprende clavándose en tus ojos como astillas, las lágrimas me caen como escarchas por mi mejillas, y yo soy un centinela de guaridas, de verbos y octavillas.
Tú dame paz en esta guerra, que nunca daré por perdida aunque me falten piedras. 
La ciudad se levanta, yo sigo con resaca y no lo entiendo, anoche solo bebí agua y Fanta. 
Tú déjame escribir, que el pueblo sale en masa a la revolución, es primavera en mi balcón, y en esas aulas, donde el saber es recortado, mi pueblo se alza libre como un poema de Machado. 
¿No lo has visto?  Se están matando por el pan, los niños juegan con pistolas en una guerra virtual, y no hay quien diga, a estos políticos que nos dirigen, que el pueblo es quien gobierna y el que los elige.
Yo cierro los párpados para sentir el fuego, yo siento el saxo libre como el viento por tu pelo, las olas en el mar, los peces en mis dedos se escapan y saltan muriendo ahogados en el suelo. 
No quiero ver mas telediarios, no más imágenes de guerras, ¡por favor, ya basta!.
Ahí va otro perroflauta a conquistar la plaza, no me importan sus ideales, me importan sus rastas. 
¡Señora, deje que salga yo primero, que no se marcha el metro sin usted!, pues ya me entiende. 
Soy otro ciudadano cero, en esta jungla de parquímetros, de bancos con sedes en rascacielos. 
Dime donde vives, yo soy aquel que escribe por encargo, no volveré a permitir otro embargo, mis lápices, mi bolis, mis cuadernos me protegen, ellos serán mi voz mientras el sistema me deje.

viernes, 28 de septiembre de 2012

REVIEW: Frank Ocean - "Channel ORANGE" (Def Jam, 2012)


Hace poco más de un año, un joven afroamericano de 23 años nacido en California y que ya había escrito varias canciones para artistas como John Legend o Beyoncé (incluso también para Justin Bieber) apareció de repente con una mixtape bajo el brazo con el título de “Nostalgia, Ultra”. Su nombre no era otro que Frank Ocean.


Aunque bien es cierto que ya sabíamos de él gracias a su participación como miembro del colectivo de Hip-Hop Odd Future, para los que por aquel entonces escuchamos aquel trabajo ya nos quedó claro que estábamos ante un nuevo artista maduro, creativo y novedoso al que deberíamos de prestarle gran atención en los meses siguientes. Su sonido fresco y renovador, unido a unas líricas complejas y profundas, acaparó las críticas de los medios especializados elevándolo como nueva promesa del Neo Soul y R&B.
Aquella mixtape no se vio exenta de polémica. Parte de los temas que la componía usaban samples de otros artistas ya consumados, como en el caso de “Strawberry Swing” que hacía uso de la canción de Coldplay con el mismo nombre, o “Natural Feels”, que hacía lo propio con el tema “Electric Feels” del grupo de Pop psicodélico MGMT.

Quizá el sample que le dio más problemas fue el de “Hotel California”, del cual se apoderó para sacar el temazo “American Wedding”, una especie de revisión del clásico de The Eagles en clave R&B. Todo un acierto musical que provocó un gran revuelo debido a las disputas con el miembro de The Eagles Don Henley, el cual se propuso llevar a cabo acciones legales contra Frank por el uso ilegal del sample.
Aquello frustró la primitiva intención de sacar a la venta “Nostalgia, Ultra” bajo la supervisión de un sello, por lo que Frank Ocean decidió subirla a la red para su descarga gratuita.

Frank había lanzado su primer aviso en forma de mixtape y aquella estrategia musical no tardaría en darle frutos, llegando a ser solicitado para colaborar en el álbum “Watch The Throne” de los millonarios Jay-Z y Kanye West.

Cazado ya por el productor, MC y empresario Jay-Z sólo era cuestión de tiempo que Ocean se pusiese manos a la obra con su primera referencia en el mercado musical.
No ha sido hasta el 10 de Julio de este año cuando el artista californiano ha vuelto a nuestros oídos con nuevas canciones, esta vez bajo el sello Def Jam, editando su primer LP con el nombre de “Channel Orange”.


“Channel Orange” es básicamente una continuación (en cuanto a sonido) de su anterior trabajo pero esta vez sin samples “robados” ni polémicas, al menos musicales.

La promoción del álbum comenzó con “Pyramids”, una canción que en realidad son dos canciones en una, de 10 minutos de duración. En ella nos habla de una prostituta llamada Cleopatra que trabaja cada noche en un burdel llamado Pyramids. El tema comienza con un sonido electro brutal para luego bajar en su segunda parte a un nivel más psicodélico donde la voz suave de Ocean nos abraza para acabar con el susurro lejano de una guitarra eléctrica distorsionada al final del tema.
Bastante recomendable es la visualización de su videoclip, donde vemos a Frank en un burdel para luego encontrarse con el guitarrista JohnMayer en un decorado surrealista, el cual se marca un solo de guitarra exquisito.

La otra vía para promocionar el álbum, aunque quizá no intencionada, fue la publicación por parte de Frank de una carta en la que se declaraba abiertamente homosexual, relatando su primer amor hacia un hombre en uno de sus últimos veranos en Nueva Orleans. Aquello removió las aguas del Hip-Hop (que en EEUU parece ser bastante homófobo, a diferencia del de aquí). Figuras como su compañero en Odd Future, Tyler The Creator; Jay-Z o Beyoncé alabaron su valentía, mientras que otros como Lil Wayne, haciendo gala de su “inteligencia”, nos dejaba joyitas como “No soy Frank Ocean, soy heterosexual”.

Todo aquello, quiera o no, condicionó la posterior acogida del álbum, aunque bien es cierto que sin esa carta dicho trabajo no hubiera podido ser comprendido en su totalidad.

Centrándonos ya en lo que es el LP nos encontramos con la apertura del mismo a través de la magistral balada R&B “Thinkin bout you”, la cual ya se filtró hace un tiempo con la salida de “Nostalgia, Ultra” y a la que Ocean le vuelve a dar un nuevo aire retocando algunos sonidos de la anterior versión.

Frank intercala de forma acertada diferentes interludios (como por ejemplo un cover de “Fertilizer” de James Fauntleroy) entre algunos de los temas más destacados como “Sierra Leone”, que ya te enamora desde la primera escucha, o “Sweet life” lanzado como single junto a “Thinkin bout you” y “Pyramids”.
Destaca “Super Rich Kids” con esa instrumental Hip-Hop y el rapeo aletargado de Earl Sweatshirt. Pasamos por temas buenos pero menos importantes a nivel general del disco como “Pilot Jones” y “Crack Rock” para desembocar en la piedra angular del álbum, “Pyramids”, y tras ésta quizá la canción más bailable, “Lost”, donde Frank consigue que nos perdamos por España, Tokio o Los Ángeles en un viaje musical que nos abre paso a “White”, una especie de interludio donde John Mayer agarra la guitarra para darnos un respiro auditivo.

El final del LP está marcado por tres auténticos temazos. En primer lugar aparece “Bad Religion”, que cobra sentido tras la carta abierta de Frank, donde el artista se confiesa ante un taxista, con un sonido a medio camino entre el comienzo de “Let’s Go Crazy” de Prince y “Seems So Long” de Stevie Wonder.
En segundo lugar nos encontramos con “Pink Matter”, en colaboración con Andre 3000, últimamente en casi todos los buenos discos de música negra actual; y por último “Forrest Gump”, donde también nos habla de ese primer amor expresado en la famosa carta (la cual está incluida en la edición CD del álbum junto al libreto de créditos).

Atención especial al último tema camuflado del disco, “End”, cuyo título original es “Voodoo” y que podéis encontrar por la red (Youtube). Una delicia que dura solo 1:37 minutos.

Sin duda “Channel Orange” dará mucho que hablar en estos meses sabiendo que estamos ante uno de los discos del año, y sobre todo ante uno de esos artistas que conseguirá grandes cosas en esto de la música. Al menos eso es lo que siempre se espera de Frank desde que nos sorprendiera allá por el 2011.

PUNTUACIÓN: 10/10

LO MEJOR: "Thinkin Bout You", "Sierra Leone", "Pyramids", "Lost", "Pink Matter".

LO PEOR: Nada.

*Review también publicada en www.SoulSpain.com

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viernes, 8 de junio de 2012

Otoño no llega

El dolor es aquello que perdura más allá de las las lágrimas.
El dolor son los recuerdos borrados que aparecen de nuevo.
Es el color de tus ojos en el agua, es el tacto de tu piel sobre el folio.
Tu pelo en mi almohada, los objetos que no te llevaste, el olor a tu cuello que aún queda.

El dolor no es una palabra mal dicha, ni un golpe mal dado.
Lo que duele no sangra. Penetra y destruye.

El dolor es tu voz que se apaga en mi oído. Ya no la recuerdo, ni a ella ni a ti.
Tu cara es un difuminado en el lienzo de mis ojos, un boceto inacabado.

Y al final no quedará nada.
Ni siquiera el dolor quedará. Se irá como tu te fuiste, pero más tarde.
Haciendo menos ruido, tal vez.
Limpiando los labios manchados de ti.

Y otras besarán los míos, otros besarán los tuyos, pero ninguno como los nuestros cuando se unieron.
Nunca como los nuestros.

El tiempo es eso que nos dio la vida para olvidar las cosas que una vez tuvimos.
Hoy el tiempo va despacio, no quiere caer la arena, esa que pisaste con tus pies pequeños.
Solo me queda esperar y escribir con la esperanza de que llegue el otoño, llevándose las hojas que quedan, aquellas que nunca quisieron caerse.

miércoles, 6 de junio de 2012

La revolución virtual de Romain Gavras.

Mucho se ha hablado ya sobre el nuevo videoclip de Jay-Z y Kanye West, y poco podré aportar yo que no se sepa ya.

En definitiva, me vi ante la obligación de subir este magnifico trabajo de Romain Gavras a mi blog dada mi admiración por este director, entre cuyas obras aparecen el extraordinario videoclip realizado para la cantante M.I.A. y su canción "Born Free", que más que la canción (tampoco es para tirar cohetes) lo que realmente sorprende es la visualización de la obra del director griego, polémica y provocadora. Como también lo es, a mi parecer, su mejor (y menos recordado) trabajo hasta la fecha, "Stress" de Justice.
Romain Gavras

En "Stress" se nos muestra violencia gratuita, un París peligroso y aleatorio. Muchos acaban preguntándose cuando ven el vídeo si todo eso que han visualizado es real o no.
Obviamente no lo es, pero Romain consigue llevarnos a ese extremo y eso, precisamente, es lo que hace que sus videoclips estén siempre en la linea de fuego.

Con "No Church In The Wild" Romain y compañía nos muestran una batalla campal virtual, lo que hoy podría ser Ocuppy Wall Street o cualquier revuelta griega.
Quizá lo más sorprendente del vídeo es el uso de esas imágenes sobre esculturas iluminadas de rojo y verde. Esos ojos blancos, miradas impasibles que piden auxilio ante tanta barbarie. A veces dan miedo, incluso más que toda la violencia que se nos muestra.
Ni Jay-Z ni Kanye West aparecen en el vídeo, ni falta que hace. Tampoco aparece ni el gran Frank Ocean, artífice del estribillo cantado, ni tan siquiera The-Dream, que también colabora (aún sigo sin entender por que no son nombrados ni en los créditos del vídeo).

El elefante al final del videoclip culmina una obra cargada de polémica y majestuosidad.
Muchos son los que hablan de que ni Jay-Z ni Kanye West son los más apropiados para darnos lecciones de revolución.
Tampoco lo es Rajoy para darnos lecciones de austeridad, pero lo hace.
Lo que cuenta, y mucho, es el conjunto final. Da igual quien lo cante, lo importante es que se ha hecho, y muy bien.
Nadie como Gavras podía haber filmado esas imágenes con tanta poesía y tacto. El montaje es sublime, como nos tiene acostumbrado el hijo del mítico Costa-Gavras.
Ya lo dijo Gil Scott-Heron, "la revolución no será televisada". Quizá la revolución real y a pie de calle no, pero si la revolución virtual, más sorprendente y épica, donde finalmente la policía es la que pierde.

Nota adicional: "No Church In The Wild" pertenece al álbum Watch The Throne, de Jay-Z y Kanye West. Lanzado el 8 de Agosto de 2011.








miércoles, 18 de abril de 2012

Stevie Wonder: Genio y Leyenda.

No hace falta ser un entendido musical para darse cuenta de que estamos ante uno de los grandes maestros de la música contemporánea, así como precursor en el uso de muchos instrumentos y creador de innumerables clásicos que nunca morirán en el tiempo.


Stevie Wonder nació el 13 de mayo de 1950. Desde entonces el mundo respira grandeza y es que Stevie aparte de ser ciego también era un genio ya desde pequeño. Aprendió a tocar la armónica, el piano, la flauta dulce y las congas. 

En 1962 el destino quiso que Ronnie White de The Miracles llevara al pequeño Stevie a Motown para que el visionario Berry Gordy contemplara la magia del, por aquel entonces, once añero Wonder. Berry no lo dudó y lo contrató para su sello discográfico.

El nombre de su primer éxito fue ‘Fingertips’ (Pt. 2). Míticas son también canciones de aquellos años como ‘Uptight’ y ‘I Was Made To Love Her’.

Los años 60 dan lugar a los 70, siendo ésta la época donde Little Stevie da paso a un Stevie Wonder maduro cuya capacidad creativa es concebida como una bendición para la música universal.
En estos años nacen obras maestras como “Music of my mind” (1972),  “Talking book” (1972), “Innervisions” (1973), “Fullfilligness first finale” (1974) y “Songs in the key of life” (1976), este último considerado como uno de los mejores discos de la historia.
Estos cinco álbumes completarían su famosa época dorada, ganando 14 Grammys, incluyendo tres “Álbumes del año” consecutivos.
Los años 70 se despedirían con una banda sonora para un falso documental titulado “The secrets life of plants”.

Tras el pequeño fracaso de “The secrets life of plants” (no llegó al nivel de sus anteriores trabajos), en 1980 volvería con otro de sus discos más recordados, “Hotter Than July”, cuya portada es una obra de arte y un icono para los amantes del genio musical.
Temas increíbles como ‘All I do’, ‘Master Blaster’ o ‘Lately’ completan lo que podría considerarse el mejor álbum de Stevie en la década de los 80.



En 1984 nos regalaría una de sus canciones más conocidas a nivel mundial (pero no por ello la mejor), ‘I Just Call To Say I Love You’ para la BSO de la película “La mujer de rojo”.
En 1985 editaría su, posiblemente, último gran disco, “In Square Circle”, con su archiconocido ‘Part-Time Lover’, clásico de todos los recopilatorios actuales de música ochentera.

Varios discos más se sucederían a lo largo de la década de los 80 y 90, no llegando al nivel conseguido de sus álbumes de los 70 y primera mitad de los 80, pero conservando ese espíritu de buena música siempre presente en el artista de Detroit.

Su último álbum hasta la fecha salió en 2005 titulado “A Time To Love”, sin duda una gran sorpresa para todos sus fans que llevaban 10 años sin tener nada nuevo de su artista.
En esta segunda mitad de la década se centra principalmente en dar conciertos alrededor del mundo, siendo el 2011 uno de los mayores periodos de actividad desde los 90.



El 2 de Junio de 2012 Stevie volverá a la península tras muchos años sin verlo por aquí. En concreto tocará en el Rock In Rio Lisboa junto a Joss Stone o Bryan Adams. Una gran oportunidad para todos aquellos que deseen disfrutar de uno de los mejores artistas del siglo XX.

DISCOS RECOMENDADOS: “Talking Book”, “Innervisions”, “Songs In The Key Of Life”.
CANCIONES RECOMENDADAS: “Superstition”, “All I Do”, “  I Believe (When I Fall In Love It Will Be Forever)”, “All In Love Is Fair”.










sábado, 24 de marzo de 2012

Entre las farolas de aquel parque.

Miraba su reloj como queriendo borrar las horas que le quedaban conmigo.
Nunca un silencio había sonado tan violento entre nosotros. El cigarro se consumía al borde de sus labios sin pintar y el rímel de sus ojos galopaba por su mejilla hasta desembocar en el pañuelo verde que le regalé.
Aquel pañuelo llevaba su perfume clavado como un puñal en mi estómago, centro de todos mis dolores y castigos en aquella noche que ignoré durante años.

Parecía cansada y con razón, nunca supe valorarla. Sus ojeras eran lagunas vacías a las que el tiempo no supo perdonar, su cabello casi gris se antojaba áspero y salvaje cuando el viento le golpeaba con firmeza. Era tan débil que un susurro hubiese roto su figura, por eso permanecí callado, mirándola como queriendo decir algo con los labios, cuando en realidad mi mirada era la que hablaba.
Hice el amago de tocarla pero se apartó y no tuve más remedio que retraerme. Quise decirle cuanto lo sentía y todas esas cosas que se añaden a una frase para que suene más bonita, pero me pudo el llanto interno y preferí que esas lágrimas del alma no saliesen por mis ojos.

Sólo allí comprendí lo que la vida no me había dejado ver durante años. Creía haber tenido una mujer a la que quería con certeza y cuyo amor siempre me había sido correspondido. Es sabido que al principio todo es nuevo y excitante. El primer beso, la primera vez que la desnudas, el primer mes, el primer año... Y ahí se acaba todo. Comienzas a quererla por costumbre, la ves ahí y piensas: Es mi chica, ella me quiere, yo la quiero y eso es suficiente.
Se acaban los detalles, las sorpresas, las aventuras, incluso el sexo se hace monótono y aburrido, todo forma parte de un esquema cada vez menos complejo y sistemático.
Empiezas a olvidar sus gustos, sus problemas y sus necesidades hasta que te das cuenta de que ya no es una pareja lo que formas, sino una unión entre dos desconocidos que realizan acciones cotidianas por norma, para no perder el hábito y la rutina.

Me asusté al despertar de aquel pensamiento y ver que sus ojos ya no observaban su reloj sino mis lágrimas.
Ni me había dado cuenta de que por mi rostro se deslizaba la prueba de mi derrota. No tardé en borrarlas de mi piel, lo último que hubiera querido es que ella me viera en aquella vergonzosa situación.
Me precipité a excusarme por ello pero las palabras se quedaron atrapadas en mi boca, únicamente abrí los labios como queriendo coger aire para disculparme por todos los momentos que perdimos, pretendiendo decir en una frase todo lo que no había dicho en 20 años.

Sólo antes de que mi primera palabra manchase aquel silencio casi eterno ella alzó su dedo y colocándolo frente a mis labios me susurró: No digas nada, debo irme. Y cogiendo su bolso color crema despareció entre las farolas de aquel parque, no sin antes apagar su cigarro sobre el césped que pisábamos.

lunes, 19 de marzo de 2012

Otra historia americana

Era verano y las camisas empapadas en sudor nos delataban.
Por aquellos tiempos mis amigos y yo contábamos con 12 años, excepto Ronald, que nos sacaba 2 primaveras a todos.
Mientras veíamos la tele nuestras madres nos preparaban bocatas untados en mantequilla de cacahuete o con tabletas de chocolate en el interior, normalmente acompañados de un vaso de leche muy fría. Solo Ronald podía tomar café puesto que era el mayor de todos los que estábamos allí.
Ronald era el hijo de Peter Mclaughlin, un empresario ávido cuyo imperio se expandía por toda Alabama. Los otros chicos de mi edad eran Jack, Mike y Edward.
Jack y Mike pertenecían a familias de origen británico que emigraron tres generaciones atrás.
Edward  era judío. Su abuelo sobrevivió a los campos de exterminio Nazi y cuando nuestro país liberó a los judíos de los alemanes su abuelo fue uno de los muchos europeos que vinieron a instalarse en nuestras ciudades.
Y bueno, yo soy yo, un chico normal y corriente, americano hasta la médula desde que nací. Mis antepasados no son ni judíos ni europeos ni latinos. Se podría decir que soy un americano puro 100%, descendiente de esos valientes pistoleros del sur que combatían contra los indios, montados en caballos con sombreros y ramitas en la boca.

Siempre odié a esos chicanos que paseaban por nuestras calles. No tenía nada en contra de los europeos, ni tampoco nada contra los judíos. Solamente odiaba a esos jodidos latinos con sus camisas de flores horteras y su estúpida forma de hablar. Mi odio se extendía a toda Latinoamérica, principalmente a los cubanos.
Mi padre siempre decía que nuestra nación estaba siendo infectada por mexicanos y cubanos borrachos que lo único que hacían era manchar el nombre de nuestra patria, la más poderosa que había conocido el mundo. Hablaba con orgullo de nuestras victorias en guerras contra los enemigos y de cómo nos habíamos convertido en símbolo de liberación y poder alrededor del globo terráqueo.

A las 7 años, mi padre me regaló mi primera pistola pero la cambié dos años después por un revolver del 38.

Había aprendido a disparar sin que me temblaran las manos, lo cual me hacía sentir seguro y peligroso.
A veces amenazaba a esos putos chicanos por la calle cuando me miraban más de la cuenta. Les decía que mantuvieran la mirada baja cuando pasasen por mi lado, de lo contrario no tendría más remedio que llenarles las putas cabezas de balas. Y así hacían los muy cobardes.

Aquel verano Ronald enfermó de cáncer. Su padre movió cielo y tierra para buscar una cura para su hijo. Lo llevó a los hospitales más prestigiosos de EEUU, incluso viajó a Europa buscando la ayuda que nunca encontró. Murió al verano siguiente, casi irreconocible.
Aquello marcó nuestras vidas de algún modo. Hasta entonces éramos niños que jugábamos en la calle sin pensar en el futuro. Corríamos de un lado a otro, nos imaginábamos combatiendo en guerras por selvas asiáticas rodeados de amarillos hijos de putas, pensábamos que la muerte era algo para viejos que ya habían vivido su vida y  que no tenían nada más que ofrecer al mundo.
Aquello provocó que cada minuto de mi vida pensase que era el último. Incrementó mis paranoias sobre la vida y cada resfriado, dolor o anomalía en mi cuerpo eran motivos para creer que mis días finales estaban cerca.
Todo lo que me había hecho fuerte en mi infancia, como el orgullo de la nación, las armas y el espíritu americano que mi padre me había infundado, se habían desmoronado como torres de arena ante el tornado de la muerte.