sábado, 6 de diciembre de 2014

Miedo

El tiempo pasa a su ritmo. El otoño se aleja a medida que avanza el invierno, trayendo nieve a las cotas más altas, y a tu nariz en noches como esta. El carmín vuelve a seducirme entre la niebla de tabaco y no paro de toser mientras te tapas el rostro. No aceptas un “yo invito” y eso me gusta. Sacas brillo a tu mechero porque te resistes a cambiarlo. Las cosas no son tan sencillas a este lado de la barra, pero tampoco me importa. Salimos. Las estrellas han cambiado de significado. Desde Truman, ya no son luces en la noche sino atrezo. Este frío me está matando pero no me salvas, no vienes a abrazarme. Tu perfume es un relámpago que ha iluminado mi sentido del olfato. Fugaz, como la pasión que teníamos con 19. Ahora huele a ti, solo a ti. Me gusta, o me gustas, pero no me atrevo a decírtelo a los ojos. Caminas con cuidado para no perderte, pero estás perdida desde el día en que me encontraste. Ahora somos dos, frente a tu casa. Me dices que suba pero tengo miedo a lo intrascendente, a lo fácil. Me alejo. Te acercas. Nos separamos de la puerta y nos adentramos en nosotros mismos. Porque un beso en una esquina es íntimo, más íntimo que un polvo en una alcoba. Me deslizo por tus labios como James Cotton por su armónica. Me tocas el cuello, la espalda, las ideas. Soy otro, y no quiero volver a ser el de siempre. Me aparto y sonrío mientras te ofrezco un paseo. Me vuelves a decir que suba, pero tengo miedo a enamorarme. Lo siento, las cosas no son tan sencillas a este lado del corazón. Ahora, solo ahora, la luz de la farola que ilumina tu cabello te hace ser más adulta y experimentada. Me miras como suplicando que no me vaya, cuando realmente jamás me iré de este momento. En este espacio, con este frío, el tiempo se ha congelado y se ha convertido en recuerdo. Ya no somos tú y yo besándonos, ni saliendo de aquel bar de mala muerte, ni mirando estrellas que se marcharán al alba. Has tirado tu mechero en un intento por empezar de nuevo. Eres otra, la que siempre fuiste. Me agarras y susurras que me quede, pero tengo miedo a no entenderte. Ya no hay carmín en tus labios, ni nieve en tu nariz, ni whisky en tu vestido. Esperabas que librara mis batallas internas en tu cama mientras tú te liberabas de las tuyas. Pero no funciona así lo que sentimos. Me miras. Te miro. Me agarras con más fuerza y vuelves a besarme, pero ahora es diferente. Eres tú quien te deslizas por mis labios, soy yo el que te cambia las ideas. Pídeme que suba, que ya sé lo que queremos.

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