miércoles, 18 de abril de 2012

Stevie Wonder: Genio y Leyenda.

No hace falta ser un entendido musical para darse cuenta de que estamos ante uno de los grandes maestros de la música contemporánea, así como precursor en el uso de muchos instrumentos y creador de innumerables clásicos que nunca morirán en el tiempo.


Stevie Wonder nació el 13 de mayo de 1950. Desde entonces el mundo respira grandeza y es que Stevie aparte de ser ciego también era un genio ya desde pequeño. Aprendió a tocar la armónica, el piano, la flauta dulce y las congas. 

En 1962 el destino quiso que Ronnie White de The Miracles llevara al pequeño Stevie a Motown para que el visionario Berry Gordy contemplara la magia del, por aquel entonces, once añero Wonder. Berry no lo dudó y lo contrató para su sello discográfico.

El nombre de su primer éxito fue ‘Fingertips’ (Pt. 2). Míticas son también canciones de aquellos años como ‘Uptight’ y ‘I Was Made To Love Her’.

Los años 60 dan lugar a los 70, siendo ésta la época donde Little Stevie da paso a un Stevie Wonder maduro cuya capacidad creativa es concebida como una bendición para la música universal.
En estos años nacen obras maestras como “Music of my mind” (1972),  “Talking book” (1972), “Innervisions” (1973), “Fullfilligness first finale” (1974) y “Songs in the key of life” (1976), este último considerado como uno de los mejores discos de la historia.
Estos cinco álbumes completarían su famosa época dorada, ganando 14 Grammys, incluyendo tres “Álbumes del año” consecutivos.
Los años 70 se despedirían con una banda sonora para un falso documental titulado “The secrets life of plants”.

Tras el pequeño fracaso de “The secrets life of plants” (no llegó al nivel de sus anteriores trabajos), en 1980 volvería con otro de sus discos más recordados, “Hotter Than July”, cuya portada es una obra de arte y un icono para los amantes del genio musical.
Temas increíbles como ‘All I do’, ‘Master Blaster’ o ‘Lately’ completan lo que podría considerarse el mejor álbum de Stevie en la década de los 80.



En 1984 nos regalaría una de sus canciones más conocidas a nivel mundial (pero no por ello la mejor), ‘I Just Call To Say I Love You’ para la BSO de la película “La mujer de rojo”.
En 1985 editaría su, posiblemente, último gran disco, “In Square Circle”, con su archiconocido ‘Part-Time Lover’, clásico de todos los recopilatorios actuales de música ochentera.

Varios discos más se sucederían a lo largo de la década de los 80 y 90, no llegando al nivel conseguido de sus álbumes de los 70 y primera mitad de los 80, pero conservando ese espíritu de buena música siempre presente en el artista de Detroit.

Su último álbum hasta la fecha salió en 2005 titulado “A Time To Love”, sin duda una gran sorpresa para todos sus fans que llevaban 10 años sin tener nada nuevo de su artista.
En esta segunda mitad de la década se centra principalmente en dar conciertos alrededor del mundo, siendo el 2011 uno de los mayores periodos de actividad desde los 90.



El 2 de Junio de 2012 Stevie volverá a la península tras muchos años sin verlo por aquí. En concreto tocará en el Rock In Rio Lisboa junto a Joss Stone o Bryan Adams. Una gran oportunidad para todos aquellos que deseen disfrutar de uno de los mejores artistas del siglo XX.

DISCOS RECOMENDADOS: “Talking Book”, “Innervisions”, “Songs In The Key Of Life”.
CANCIONES RECOMENDADAS: “Superstition”, “All I Do”, “  I Believe (When I Fall In Love It Will Be Forever)”, “All In Love Is Fair”.










sábado, 24 de marzo de 2012

Entre las farolas de aquel parque.

Miraba su reloj como queriendo borrar las horas que le quedaban conmigo.
Nunca un silencio había sonado tan violento entre nosotros. El cigarro se consumía al borde de sus labios sin pintar y el rímel de sus ojos galopaba por su mejilla hasta desembocar en el pañuelo verde que le regalé.
Aquel pañuelo llevaba su perfume clavado como un puñal en mi estómago, centro de todos mis dolores y castigos en aquella noche que ignoré durante años.

Parecía cansada y con razón, nunca supe valorarla. Sus ojeras eran lagunas vacías a las que el tiempo no supo perdonar, su cabello casi gris se antojaba áspero y salvaje cuando el viento le golpeaba con firmeza. Era tan débil que un susurro hubiese roto su figura, por eso permanecí callado, mirándola como queriendo decir algo con los labios, cuando en realidad mi mirada era la que hablaba.
Hice el amago de tocarla pero se apartó y no tuve más remedio que retraerme. Quise decirle cuanto lo sentía y todas esas cosas que se añaden a una frase para que suene más bonita, pero me pudo el llanto interno y preferí que esas lágrimas del alma no saliesen por mis ojos.

Sólo allí comprendí lo que la vida no me había dejado ver durante años. Creía haber tenido una mujer a la que quería con certeza y cuyo amor siempre me había sido correspondido. Es sabido que al principio todo es nuevo y excitante. El primer beso, la primera vez que la desnudas, el primer mes, el primer año... Y ahí se acaba todo. Comienzas a quererla por costumbre, la ves ahí y piensas: Es mi chica, ella me quiere, yo la quiero y eso es suficiente.
Se acaban los detalles, las sorpresas, las aventuras, incluso el sexo se hace monótono y aburrido, todo forma parte de un esquema cada vez menos complejo y sistemático.
Empiezas a olvidar sus gustos, sus problemas y sus necesidades hasta que te das cuenta de que ya no es una pareja lo que formas, sino una unión entre dos desconocidos que realizan acciones cotidianas por norma, para no perder el hábito y la rutina.

Me asusté al despertar de aquel pensamiento y ver que sus ojos ya no observaban su reloj sino mis lágrimas.
Ni me había dado cuenta de que por mi rostro se deslizaba la prueba de mi derrota. No tardé en borrarlas de mi piel, lo último que hubiera querido es que ella me viera en aquella vergonzosa situación.
Me precipité a excusarme por ello pero las palabras se quedaron atrapadas en mi boca, únicamente abrí los labios como queriendo coger aire para disculparme por todos los momentos que perdimos, pretendiendo decir en una frase todo lo que no había dicho en 20 años.

Sólo antes de que mi primera palabra manchase aquel silencio casi eterno ella alzó su dedo y colocándolo frente a mis labios me susurró: No digas nada, debo irme. Y cogiendo su bolso color crema despareció entre las farolas de aquel parque, no sin antes apagar su cigarro sobre el césped que pisábamos.

lunes, 19 de marzo de 2012

Otra historia americana

Era verano y las camisas empapadas en sudor nos delataban.
Por aquellos tiempos mis amigos y yo contábamos con 12 años, excepto Ronald, que nos sacaba 2 primaveras a todos.
Mientras veíamos la tele nuestras madres nos preparaban bocatas untados en mantequilla de cacahuete o con tabletas de chocolate en el interior, normalmente acompañados de un vaso de leche muy fría. Solo Ronald podía tomar café puesto que era el mayor de todos los que estábamos allí.
Ronald era el hijo de Peter Mclaughlin, un empresario ávido cuyo imperio se expandía por toda Alabama. Los otros chicos de mi edad eran Jack, Mike y Edward.
Jack y Mike pertenecían a familias de origen británico que emigraron tres generaciones atrás.
Edward  era judío. Su abuelo sobrevivió a los campos de exterminio Nazi y cuando nuestro país liberó a los judíos de los alemanes su abuelo fue uno de los muchos europeos que vinieron a instalarse en nuestras ciudades.
Y bueno, yo soy yo, un chico normal y corriente, americano hasta la médula desde que nací. Mis antepasados no son ni judíos ni europeos ni latinos. Se podría decir que soy un americano puro 100%, descendiente de esos valientes pistoleros del sur que combatían contra los indios, montados en caballos con sombreros y ramitas en la boca.

Siempre odié a esos chicanos que paseaban por nuestras calles. No tenía nada en contra de los europeos, ni tampoco nada contra los judíos. Solamente odiaba a esos jodidos latinos con sus camisas de flores horteras y su estúpida forma de hablar. Mi odio se extendía a toda Latinoamérica, principalmente a los cubanos.
Mi padre siempre decía que nuestra nación estaba siendo infectada por mexicanos y cubanos borrachos que lo único que hacían era manchar el nombre de nuestra patria, la más poderosa que había conocido el mundo. Hablaba con orgullo de nuestras victorias en guerras contra los enemigos y de cómo nos habíamos convertido en símbolo de liberación y poder alrededor del globo terráqueo.

A las 7 años, mi padre me regaló mi primera pistola pero la cambié dos años después por un revolver del 38.

Había aprendido a disparar sin que me temblaran las manos, lo cual me hacía sentir seguro y peligroso.
A veces amenazaba a esos putos chicanos por la calle cuando me miraban más de la cuenta. Les decía que mantuvieran la mirada baja cuando pasasen por mi lado, de lo contrario no tendría más remedio que llenarles las putas cabezas de balas. Y así hacían los muy cobardes.

Aquel verano Ronald enfermó de cáncer. Su padre movió cielo y tierra para buscar una cura para su hijo. Lo llevó a los hospitales más prestigiosos de EEUU, incluso viajó a Europa buscando la ayuda que nunca encontró. Murió al verano siguiente, casi irreconocible.
Aquello marcó nuestras vidas de algún modo. Hasta entonces éramos niños que jugábamos en la calle sin pensar en el futuro. Corríamos de un lado a otro, nos imaginábamos combatiendo en guerras por selvas asiáticas rodeados de amarillos hijos de putas, pensábamos que la muerte era algo para viejos que ya habían vivido su vida y  que no tenían nada más que ofrecer al mundo.
Aquello provocó que cada minuto de mi vida pensase que era el último. Incrementó mis paranoias sobre la vida y cada resfriado, dolor o anomalía en mi cuerpo eran motivos para creer que mis días finales estaban cerca.
Todo lo que me había hecho fuerte en mi infancia, como el orgullo de la nación, las armas y el espíritu americano que mi padre me había infundado, se habían desmoronado como torres de arena ante el tornado de la muerte.



martes, 13 de marzo de 2012

Taxi Driver

Los semáforos a lo lejos dibujan el asfalto mojado, las luces rojas y verdes, a veces en ámbar, parpadean en el horizonte que se pierde borroso, oscuro como ella.
La lluvia golpea débilmente sobre mi paraguas sonando Jazz o percusiones de gotas frías y templadas, o quien sabe, quizá solo sea agua pero es que suena tan poético que no puedo resistirme a sacar la cabeza bajo la tela negra que me cubre de la intemperie.
El taxi está tardando, debería caminar un poco y buscar cobijo u otro taxi, pero ya es demasiado tarde para andarse con rodeos por esta ciudad.
Los edificios parecen catedrales del infierno. Esas luces amarillas tenues, esos gritos lejanos, esos olores a comida rápida... Acabarán conmigo, lo juro.
El vapor escapa por las alcantarillas, las ruedas de aquel coche lo levanta sacudiendo un charco, el más cercano, que me roza con sus manos al saltar.
Mi gabardina está mojada pero ya poco me importa. Ni eso ni los maleantes moribundos que merodean las aceras que ahora piso.
En la esquina una trompeta me saluda, un trompetista la sujeta y me resisto pero, imposible, acabo declinando mis sentidos.
¿Qué es eso que tocas?...
Lo siento, mi taxi acaba de llegar.
Debo irme, lo siento de veras, debo irme.

jueves, 23 de febrero de 2012

Pedazos de mi

Esta noche he dejado a un lado mi creatividad para rescatar un texto que escribí hace ya dos años. Una carta de amor a la música negra que por aquel entonces empezaba a descubrir y que plasmé de la siguiente manera:


Ven, adéntrate en mi mente, saborea cada centímetro de mi sabiduría y roza mis pensamientos, haciéndome levitar sobre mi propio cuerpo, para luego, volverme a abandonar en la penumbra de mis sentidos…
Deja que tu tacto entre en mi caracol, elevándose hasta el infinito y retumbando entre mis huesos, entre mis caderas y músculos, entre la sangre tiznada que recorre mis venas, llegando hasta las uñas de mis pies descalzos…
Olvida que esta noche soy tuyo, desobedece al presente y vente conmigo al pasado de tu placer eterno…
Recuerda quien fuiste y hazme sentir aquel viejo Soulman de Memphis, aquel chico tímido de Indiana, o aquel visionario de la ciudad del motor…
Aviva a la joven América y su sonido estremecedor, resucita aquellos chasquidos de dedos, aquellos peinados redondos, aquel vinilo que nunca escuchaste…
Hazme ser un pantera negra, un estudiante de Harlem, un negro más en tus campos de algodón…
Rodéame con tu calor como nunca lo hiciste…
Navega por mis oídos…
Secuéstrame entre tus ritmos…
Siempre fui ese chico blanco al que no dejabas que sintiera tu magia… quizás por el temor de fracasar en tu intento de conquistar el alma de un negro blanqueado…
Hoy me ves aquí, escribiéndote, homenajeándote e incluso queriéndote más que a mí mismo…
Lo conseguiste… hiciste que este joven blanco por fuera se hiciera negro por dentro…

10 de Enero de 2010


*He decidido dejar el texto tal cual lo escribí, sin retocar ni añadir nada.


martes, 21 de febrero de 2012

El enano de Minneapolis (1ª Parte)

Orgasmos cósmicos cruzan mi mente, gemidos trifásicos, guitarras que lamen, y ese Funk que me seduce de una forma tan erótica que no puedo evitar explotar en un alarido de sensaciones pornográficas y perversas.
Y hoy, o esta noche, me llevaría todo el tiempo bailando, o masturbandome los oidos hasta que se me saliese toda la endolinfa y me quedara sin audición. 
Prince Roger Nelson (Primeros años)
Soy un jodido aficionado a sus medias negras y tacones altos, a su sensual mirada aunque se trate de un tio con bigote y no una de esas furcias buenorras de tetas grandes y piernas de escándalo, que no tienen ni la decencia de cantar bien, y ni mucho menos de crear canciones con algún mensaje que no sea la fiesta banal juvenil tan de moda en estos tiempos o del sexo para aficionados de poca monta. Al menos, si hablan de ello que lo hablen con propiedad y seriedad, digo yo.
Pero como del buen cuerpo no se vive (al menos si tu profesión es la música) me quedo con el sonido de prostíbulo burgués que me escupe el enano de Minneapolis.
Y es que masturbar a una guitarra nunca fue tan sexy.

Prince, el chico malo de Minnesota, no tuvo mejor idea que aventurarse allá por el 78 a grabar un álbum él solito, "For You", tocando nada más y nada menos que 23 instrumentos con sus propias manos. Casi nada.
La verdad es que esta ópera prima no tuvo mucho éxito. El álbum se movía entre baladas Soul y temazos Funk con demasiados arreglos que nadie o casi nadie supo apreciar en su momento.

Aun así el joven de Minneapolis no se rindió y volvió al año siguiente con un álbum que llevaba como título su mismo nombre y en el que ya se veía a un Prince mucho más maduro que comenzaría a sembrar las bases de un estilo personal que no le abandonaría ya en toda su carrera: Provocación y buena música.
Clásicos como 'I Wanna Be Your Lover' o 'I Feel For You' (posteriormente versionada y llevada a lo más alto de las listas por Chaka Khan) pertenecerían a este álbum, tras el cual llegaría una de sus obras más polémicas, "Dirty Mind", de 1980.
Medias negras y gabardina,
seña de identidad de Prince
en la época de "Dirty Mind"

Decir orgasmo es poco. Cada tema de este disco te relame el Estribo, el Yunque y el Martillo, y si tienes suerte hasta te roza el laberinto interno provocándote delirios cósmicos, por decir algo.
Aquí Prince nos habla de felaciones, incestos y mil guarradas más que completan un clásico imprescindible, que de no haber grabado ningún disco más, ahora mismo sería un álbum de culto. Decir que nos encontramos ante una maqueta que el propio Prince grabó en su estudio casero, pero que gustó tanto a los jefes de la Warner que le convencieron para que editara el álbum tal cual lo grabó.

En 1981 sacaría a la venta "Controversy", un disco que no llegaría al nivel de "Dirty Mind" pero que nos dejaría grandes temas como el que da nombre al álbum, o 'Private Joy'.

Es aquí donde acaba una época de relativa tranquilidad musical en la vida de Prince. A partir de aquí llegaría su primera gran obra maestra "1999", dando lugar a su época dorada, en la cual nos detendremos en el próximo post sobre El enano de Minneapolis.





domingo, 12 de febrero de 2012

Nosotros siempre te querremos, Whitney.

Es triste volver a escribir en el Blog tras varias semanas sin hacerlo para contar, precisamente, una de esas noticias que nunca pensaste que vivirías.
Y es que ayer, 11 de febrero de 2012, a las 16:00 hora local (1:00 de la madrugada en la España peninsular) se nos fue la mejor voz de los 90 y, posiblemente, de la música negra de todos los tiempos.
Whitney siempre destacó por su gran capacidad vocal, siendo apodada con el sobrenombre de La Voz. Su capacidad para cantar tanto baladas Pop como temas bailables la convirtió en la artista femenina más galardonada de todos los tiempos, con dos premios Emmy, seis premios Grammy, 30 premios Billboard Music Awards, 22 American Music Awards, entre otros, con un total de 415 premios en su carrera.
No podía ser menos teniendo como madrina a Aretha Franklin, y a Dionne Warwick como prima.
Su mayor éxito llegaría con "I Will Always Love You", una canción que ya pertenecía a la cantante de Country Dolly Parton, a la cual Whitney supo darle el toque Pop/Soul para hacerla suya definitivamente.
"El Guardaespaldas", película que protagonizaría junto a Kevin Costner, lanzaría indudablemente a esta legendaria artista a lo más alto, siendo aquello, posiblemente, el principio de la espiral negativa que ensombreció su vida en sus últimos años.
Pero no estamos aquí para hablar de sus problemas, sino de sus aciertos, que fueron muchos.
Sin duda, Whitney nos ha dejado un gran legado musical, enormes canciones que siempre permanecerán en nuestra memoria colectiva, y una voz elevada al Olimpo de las grandes divas de la música negra.
Para aquellos que nacimos a finales de los 80 y principio de los 90, Whitney forma parte inevitablemente de nuestras vidas (debido principalmente a nuestras madres). Crecimos con aquella voz imponente, con las lágrimas de cada una de nuestras madres al ver "El Guardaespaldas", creímos en ella cuando decidió volver con "I look to you" y nos hundimos cuando descubrimos que había muerto a la temprana edad de 48 años.
Da igual si murió a causa de las drogas o si su carrera musical estaba ya acabada. 
Da igual si fue Bobby Brown quien la llevo a la perdición o fue la presión de una vida entre focos y estrellas.
Da igual todo lo que digan porque se nos fue una leyenda, la voz de una generación que se influenció y se inspiró en su talento, en su manera de expresar ese Soul tan profundo y a la vez tan accesible.
Gracias Whitney, nosotros siempre te querremos.